Entonces, diablo, ¿acaso realmente me amas?
Porque te advierto que no habrás de decirlo, no sin una justificación a besos,
que me callen, que me aten a tu sombra y a tu pelo.
No habrás de elevarme en alas de Ícaro,
para caer frágil, tenue, golpeado por tus labios, por tus versos y tus ojos de asesino
que vulneran mis heridas, mis silencios, mis olvidos.
No me rompas en recuerdos, en pedazos,
en tus tímidas historias de caricias y fracasos,
en tu cama a tu lado, por debajo de la almohada, de tus sueños, de tus torpes y cálidos sueños.
Me desvelo, tú y tu insomnio, ambos vivos, ambos muertos, sin el uno y sin el otro.
Tan absurdos, tan ausentes…tan estando juntos, y sin embargo sin besos, sin motivos,
sin pretextos para olvidar al amor y de verdad amarnos.
No te atrevas, no te rompas, no te ignores. Sabes bien, diablo mío,
que yo no esperaré a que pase, a que llegues.
Sólo prometo un beso, un tibio y muy largo beso,
en que nos podríamos hundir hasta que caiga el aliento.
