Historia casi verídicaNarrativa

Julia y las matemáticas 

A los trece años, ¿qué se sabe de la vida? ¿Qué?

Mi hermano me pidió, de favor, darle asesorías de matemáticas a Julia, una niña apenas que detestaba los números, las ecuaciones, a los maestros, la escuela, la vida.

No me negué ante el pedido. El maestro Leandro y el maestro Lino me habían inculcado, más allá del aprendizaje, aquello de dar, enseñar, tratar de enseñar de la forma más sencilla posible. Y así traté.

Comenzamos a vernos en la biblioteca. Se aburría, se hartaba. Se distraía.

Entonces comenzamos a vernos en su casa. Ahí conocí a su madre, hogareña, sencilla, amable. A su padre, caballerango. Con él aprendí algunos asuntos sobre el manejo del caballo, salimos unas cuantas veces a pasear al monte.

Fueron seis meses de entrenamiento. De quejas, porque Julia había renunciado a aprender matemáticas. Comenzó a hablarme de su vida, de lo mal que la trataban en la escuela, de una novia que tenía y de la que no podía hablar.

Me habló de sus insomnios, de lo jodida que se sentía.

Por eso mismo intensifiqué mis visitas a su casa. Olvidé las matemáticas. Comenzamos a comunicarnos, algunas veces a silencios. 

«No me gustan las matemáticas». Fue lo último que me dijo, entre risas y una comida que nos había hecho su madre.

En aquellos años el celular no era común. Yo me despedí de ella como a las seis de la tarde, y me acuso de que nunca me di cuenta, que aquel abrazo que me dio, agradeciendo toda mi paciencia, era una alerta, nunca me di cuenta.

Juan Carlos, su padre, vino a mi casa, como a las ocho, a caballo, lloraba. 

Me puse en ancas y llegamos enseguida a su casa. 

Julia ya estaba tendida, morada, debajo del manzano, bajada a mano por Juan Carlos, con la marca de un lazo en el cuello y con su madre deshecha.

Una ambulancia. Los de la fiscalía. 

Decir que me dolió verla así sería decir poco. 

Les pedí, y me lo concedieron, que me dejaran cargarla hacia la ambulancia y así lo hice. 

La puse contra mi pecho.

Fue un abrazo, el segundo abrazo más triste que recibí de la pequeña Julia, a la que no le gustaban las matemáticas, a la niña Julia que tenía una novia, la niña Julia que me decía que yo sí le caía bien, como maestro, la niña Julia que se fue, lejos de las matemáticas, un triste dos de febrero del año dos mil catorce.

El Fortino

Soy originario de Vicente Guerrero, Durango, México. Tengo la edad de 37 años. Egresé de la Universidad Autónoma Chapingo en el año 2013, donde cursé una licenciatura en Economía Agrícola. Me han publicado en algunas revistas como 'Salmón', 'Cisne', 'Nocturnario', 'Herederos del Caos' y, recientemente, en 'Trinando' y en 'Puerta Blanca Ediciones'. En el mes de julio obtuve una mención honorífica en el Premio Nacional de Poesía Infantil Becky Rubinstein 2022. En 2018, fui seleccionado para una compilación del Concurso Nacional de Cuentos Campiranos Marte R. Gómez, de la Universidad de Chapingo.

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