Café con cuento

Voces que vuelven del polvo

Pedro Páramo nos dice que los muertos no se van: se quedan murmurando.

Que la tierra no los traga del todo, sino que los guarda como si fueran semillas de voz. En Comala —ese pueblo donde el aire parece un recuerdo suspendido— la muerte no es un final, sino una conversación interminable.

A veces pienso que Rulfo entendió algo que todos sabemos pero nadie se atreve a decir: los muertos no descansan, solo cambian de tono. Hablan desde el eco, desde el sueño, desde la grieta que deja el silencio. Y nosotros, los vivos, aprendemos a convivir con ese rumor: con las ausencias que siguen opinando, con los recuerdos que se niegan a callar.

Hay muertos que todavía nos aconsejan al doblar una esquina, que nos hacen reír con una frase vieja, o que se asoman cada vez que repetimos sus gestos. En el fondo, la memoria es una forma de espiritismo cotidiano: basta con pensar en alguien para que regrese un momento a la mesa, a la calle, al pensamiento.

Leer Pedro Páramo es asomarse a ese umbral. Rulfo no escribió una novela sobre fantasmas, sino sobre los que aún no hemos aprendido a despedirnos. Su Comala es el espejo de un país que conversa con sus muertos porque no puede vivir sin ellos, porque en su voz todavía busca entenderse.

En estos días, cuando los altares se llenan de pan y de copal, pienso que el México de los vivos y el de los muertos nunca se separaron del todo. Caminamos juntos, solo que en distintas orillas del mismo tiempo.

Y quizás por eso seguimos leyendo a Rulfo: para escuchar en sus páginas lo que el silencio nos quiere decir. Porque hay cosas que solo los muertos saben. Y siguen contándolas, bajito, cuando abrimos un libro, como si cada palabra fuera un suspiro que regresa del polvo, una voz que se niega a apagarse, un alma que encuentra —entre las páginas— su manera de volver.

Benjamín Alba

Estudió letras, pero se avergüenza de ello, por eso prefiere decir que aprendió a escribir mirando la lluvia y escuchando a la gente en los supermercados —porque, encima, es citadino—. Ha colaborado en revistas culturales, bajo diversos pseudónimos —heterónimos no, porque no llega a tanto, ni es poeta—. Aunque escribe desde los bordes de la vida cotidiana, no significa que sea marginal. Piensa que al mundo hay que leerlo con calma, como si cada día fuera una historia por descubrir. Odia el esnobismo, pero si no hay café, no escribe: dice que las ideas las encuentra en cada sorbo.

Benjamín Alba has 3 posts and counting. See all posts by Benjamín Alba

Foto del avatar